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Día 4 – La cruz lo cambia todo

Mar 28 2026

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“»Ahora mi alma está muy entristecida. ¿Acaso debería orar: “Padre, sálvame de esta hora”? ¡Pero esa es precisamente la razón por la que vine! Padre, glorifica tu nombre». Entonces habló una voz del cielo: «Ya he glorificado mi nombre y lo haré otra vez». Al oír la voz, algunos de la multitud pensaron que era un trueno, mientras que otros decían que un ángel le había hablado. Entonces Jesús les dijo: «La voz fue para beneficio de ustedes, no mío. Ha llegado el tiempo de juzgar a este mundo, cuando Satanás —quien gobierna este mundo— será expulsado. Y, cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí». Con eso quería dar a entender de qué forma iba a morir”.

El Evangelio de Juan es único en muchos aspectos. Uno de ellos se encuentra en una expresión utilizada para describir la muerte de Jesús que se acercaba: que Su “hora” o “momento” “aún no había llegado” (Juan 2:4; 7:6, 8; 7:30; 8:20). Más adelante, en el mismo Evangelio, esa expresión cambia a que Su “hora” ahora “había llegado” y “ha llegado” (Juan 12:23; 13:1; 17:1). ¿Qué significaban estas expresiones en relación con la crucifixión de Cristo?

El mismo Jesús da la respuesta. De nuevo, en el mismo Evangelio, mientras Jesús habla a sus discípulos sobre su inminente sufrimiento y muerte, de repente dice lo siguiente: “La mujer que está por dar a luz siente dolores porque ha llegado su momento, pero en cuanto nace la criatura se olvida de su angustia por la alegría de haber traído al mundo un nuevo ser” (Juan 16:21 NVI). Inmediatamente notamos la relevancia de la expresión que Jesús utiliza para describir el sufrimiento de una madre que da a luz una nueva vida: “ha llegado su hora”.

Jesús está diciendo algo muy significativo. Al igual que el nacimiento físico conlleva dolor y sufrimiento, no para el niño, sino para la madre, de una manera aún más profunda, el nacimiento espiritual conlleva dolor y sufrimiento, no para nosotros, sino para Él, nuestro Salvador. Y así como una madre, especialmente en el mundo antiguo, puede arriesgar su vida para dar a luz una nueva vida, Jesús entrega Su vida para traernos una nueva vida. Es más, al igual que una madre humana “se olvida de su angustia por la alegría” (Juan 16:21 NVI) de que su hijo haya nacido, de la misma manera, nuestro divino Salvador soporta la cruz “por el gozo que le esperaba” (Hebreos 12:2 NVI), al ver a sus hijos “nacer de nuevo” (Juan 3:3, 7 NTV).

Por eso la cruz lo cambia todo: “Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios. Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida” (1 Pedro 3:18 NVI). Él murió para que nosotros pudiéramos vivir.

Oración: “Gracias, Señor Jesús, por ser mi Salvador. Hoy recuerdo tu muerte hasta el día que regreses. Y desde este día hasta el final de mis días, así como tú moriste por mí, yo viviré para ti. Amén”.

 

 

Escrituras:

Juan 12:27-33 (NTV)
“»Ahora mi alma está muy entristecida. ¿Acaso debería orar: “Padre, sálvame de esta hora”? ¡Pero esa es precisamente la razón por la que vine! Padre, glorifica tu nombre». Entonces habló una voz del cielo: «Ya he glorificado mi nombre y lo haré otra vez». Al oír la voz, algunos de la multitud pensaron que era un trueno, mientras que otros decían que un ángel le había hablado. Entonces Jesús les dijo: «La voz fue para beneficio de ustedes, no mío. Ha llegado el tiempo de juzgar a este mundo, cuando Satanás —quien gobierna este mundo— será expulsado. Y, cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí». Con eso quería dar a entender de qué forma iba a morir”.

Juan 16:21 (NTV)
“Será como una mujer que sufre dolores de parto, pero cuando nace su hijo, su angustia se transforma en alegría, porque ha traído una nueva vida al mundo”.

Hebreos 12:2 (NTV)
“Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios”.

Juan 3:3, 7 (NTV)
“Jesús le respondió:

—Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios… Así que no te sorprendas cuando digo: “Tienen que nacer de nuevo”.

1 Pedro 3:18 (NTV)
“Cristo sufrió por nuestros pecados una sola vez y para siempre. Él nunca pecó, en cambio, murió por los pecadores para llevarlos a salvo con Dios. Sufrió la muerte física, pero volvió a la vida en el Espíritu”.