Principios del liderazgo que no son negociables

1 Jun 2018

Todo lo que hacemos como líderes fluye de quienes somos.

En el ADN de nuestra iglesia existen principios de liderazgo que no son negociables y que protegen el corazón y la salud de nuestra casa. Estos son algunos de estos principios: 

1. Tener un espíritu de servicio

Jesús no vino para ser servido, sino para servir. ¿Por qué sirves?

No servimos para “ascender”; servimos porque es la esencia del evangelio. Un espíritu de servicio no sirve para elevarse sobre los demás, ni para que la luz esté sobre él. Un espíritu de servicio sirve por amor a Dios y por amor a las personas.

En tu trabajo ¿tienes un espíritu de servicio o trabajas porque te pagan?

En tu hogar, ¿tienes un espíritu de servicio hacia tu familia?

Un espíritu de servicio continuamente da su vida por los demás.

En la iglesia tener una posición de liderazgo no te da derecho a abusar de tu autoridad. ¡Nuestra posición es un privilegio! Muchos quieren ser grandes por dones y oportunidades pero no por servicio.

Nunca nos graduamos del servicio ni de vivir en la segunda milla. No seamos cristianos de la primera milla. Es cuando vamos más allá de lo requerido y esperado que vemos mucho más de Dios para nuestra vida y nuestra iglesia. 

2. Ser personas leales

Es importante ser leales a nuestros compañeros de servicio, nuestros líderes y la visión de nuestra casa. La sujeción no se ve cuando todo va bien, sino que se ve y es probada cuando no estamos de acuerdo.

Una casa con dos visiones es una casa con división, pero cuando todos apuntamos a lo mismo ¡nuestro alcance es multiplicado!

Nuestra lealtad a la visión y el liderazgo de la casa se demuestra en nuestro comportamiento y lenguaje.

Seamos un equipo de líderes de confianza y construyamos una iglesia segura en las que las personas puedan ser vulnerables y restauradas. Derribemos el chisme y la murmuración dentro de la iglesia. Si nos mantenemos unidos en lo que estamos edificando la división no podrá entrar. 

3. Ser personas íntegras

La Biblia nos habla de que nuestro sí debe ser sí y nuestro no debe ser no.

No podemos tener una doble vida, viviendo los domingos de una manera y de otra entre semana. Una vida íntegra tiene manos puras levantadas un domingo y manos puras también durante la semana.

No vendamos nuestro propósito por una sensación temporal. Nuestro testimonio es nuestra responsabilidad. No vendamos lo eterno por lo temporal porque fuimos llamados a marcar una diferencia.

4. Tomar responsabilidad.

Como pastor tu crecimiento es mi responsabilidad, pero no completamente. Cada uno es responsable por su crecimiento espiritual y por la condición de su corazón.

La Biblia nos dice que por sobre todas las cosas debemos guardar nuestro corazón. Cada uno es responsable por el terreno de su corazón. Todo líder es responsable por la madurez en su carácter y mentalidad. Tenemos que tomar responsabilidad en cada área de nuestra vida.

¿Qué estás haciendo para que tu mente sea renovada diariamente? 

5. Llevar la carga y hacernos dueños de la visión.

Seamos líderes que se adueñan de la visión de la casa.

Si nos hacemos dueños de la visión de la iglesia la vamos a cuidar como si fuese nuestra propia casa. Si vemos a la iglesia como nuestra casa, no vamos a dudar en cubrir necesidades y llenar huecos, sino que nuestros ojos estarán entrenados para ver cómo podemos ser excelentes.

El llevar la carga y hacerse dueño de la visión incluye llevar la carga económica de nuestra casa.

La provisión para la visión es necesaria para poder lograr todo lo que Dios nos ha llamado a hacer. Si somos obedientes poniendo a Dios primero en nuestras finanzas, Él promete abrir las ventanas de los cielos y derramar su bendición.

6. Tener un liderazgo totalmente enfocado en Jesús

¿Dónde está tu enfoque?

La Biblia nos dice en Hebreos que debemos despojarnos de aquello que nos hace correr más lento. Fijemos la mirada en Jesús. Como líderes no servimos a un ministerio, una iglesia, o una persona, sino que servimos a Jesús.

¿Quieres agradar al hombre o agradar a Dios? ¡Tengamos un enfoque correcto! No estamos edificando un ministerio, sino una iglesia local. Cuando nos mantenemos enfocados, constantemente crucificamos el yo. Nuestro liderazgo y cada aspecto de nuestras vidas se trata de Él y jamás se tratará de nosotros. 

7. Ser ejemplo

Pablo era un líder y la gente lo seguía, por eso él decía que lo imiten como él imitaba a Jesús. Lo que la gente veía en él era Jesús.

Como líderes fuimos llamados a liderar a las personas a Jesús y no a nosotros mismos.

Las personas no quieren escuchar lo que dices, sino que quieren ver lo que haces. Debemos de ser ejemplo en todo. Jesús vino a servir y nosotros también. Que las personas encuentren en nosotros buenos ejemplos de lo que es servir a Dios. 

8. Tener un corazón enseñable.

Un corazón no enseñable constantemente habla del pasado y de cómo se hacen las cosas en un contexto diferente. Un corazón enseñable sabe desaprender lo que ha aprendido, para aprender algo nuevo.

Como iglesia tenemos nuestra visión, nuestros métodos y nuestras formas. No son mejores o peores, sino diferentes. Un corazón enseñable crea el espacio para aprender algo nuevo.

Tener un corazón enseñable no es negociable.

¡Seamos líderes que no pretenden saberlo todo sino que siempre quieren aprender!