Actitudes que edifican la iglesia

1 August 2018

En el reino, Dios nos sorprende constantemente, sin importar cuán grande sea nuestra fe. Si tenemos un corazón fiel y descansamos en Él, podremos entender algunas actitudes que nos pueden llevar por un camino de constante bendición.

Mateo 25:23, nos habla de ser fieles con lo que tenemos en nuestras manos. Tendemos a pensar en el mañana y en lo que habrá en nuestras manos, sin entender que lo que hacemos con las oportunidades del presente, es lo que nos permitirá entrar a la visión que Dios tiene para nuestro futuro.

Ninguna oportunidad es mayor que otra. Utilicemos lo que tenemos en la mano para alcanzar lo que tenemos en el corazón. Tu don no te promociona, las llaves de nuestro futuro se encuentran en la fidelidad, y el reino de Dios requiere fidelidad en todo momento.

En Colosenses 3:17, cita: “Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús…” Todo lo que hagan, lo que sea, si es para construir su Iglesia, que sea en su nombre.

Muchas veces hacemos cosas específicas o públicas en nombre del Señor porque pensamos que esas cosas tienen más valor, pero fallamos en hacer TODAS las cosas en su nombre. El servir a Dios no se trata de tener una posición pública;
es estar comprometido, con el corazón correcto para hacer lo que sea para hacer avanzar su reino.

Edificamos la iglesia al ser fieles con lo que tenemos en nuestras manos y al hacer lo que sea que hagamos en nombre del Señor. Pero para edificar su iglesia también es necesaria una actitud flexible.

¡Bienaventurados los flexibles! Estemos predispuestos al cambio. No limitemos lo que Dios quiere hacer con nosotros. Como creyentes, el cambio debe ser constante en nuestras vidas, y sin flexibilidad no es posible aceptar los cambios.

En el reino, nuestros equipos, liderazgo y estructuras van a experimentar cambios. Ser flexibles nos permitirá adaptarnos y entrar en lo que Dios tiene para nosotros. Donde hay cambio, hay progreso.

La iglesia también es edificada cuando vivimos libres de comparación. La comparación no es saludable, roba tu identidad y tu propósito. Dios nos ha asignado un camino a seguir, y es por ese camino que operamos en la gracia que Dios nos ha dado. Dejemos de mirar las oportunidades de los demás, y entendamos que ninguna iglesia es competencia. Lo que el enemigo está haciendo en la ciudad y el mundo es aquello contra lo que estamos compitiendo.

¿Está tu mirada completamente puesta en Dios? ¿O tus deseos de ir al siguiente nivel son producto de la comparación? Para edificar una iglesia saludable necesitamos un corazón libre de comparación.

Si estamos firmes en el propósito que Dios nos ha dado, entenderemos que todo tiene su tiempo. Si entendemos este principio, como Iglesia nunca vamos a permitir que la presión de personas acelere nuestra toma de decisiones. Todo tiene su tiempo en nuestras vidas y todo tiene su momento oportuno. Necesitamos ser responsables con lo que tenemos en nuestras manos como iglesia y analizar si estamos listos para dar un próximo paso.

Y por último, si nuestro corazón busca edificar la iglesia, entenderemos que lo que hacemos es un privilegio y no un derecho. ¡Servir a Dios es un privilegio! En el reino de Dios no debe haber personas inaccesibles, sino personas genuinamente humildes.

En la iglesia no deberían existir escalones. Servir en cualquier aspecto siempre es y va a ser un privilegio ¿Está tu corazón expectante por lo que Dios puede hacer? ¿O estás enfocando en tus propias fuerzas y méritos? ¡Construyamos una iglesia en Latinoamérica que haga todo en su nombre y para su gloria!