Plantados en la casa del Señor

1 Oct 2018

Cuando me preguntan sobre una iglesia saludable, no puedo evitar hacer referencia a lo que nos dice la palabra en Salmos 92:12-14. Si queremos florecer en nuestro liderazgo, Dios nos llama a estar plantados en su casa. Es importante que entendamos que la iglesia no es un lugar que visitamos, sino un lugar al cual pertenecemos.

La iglesia se trata de una familia que adora y crece junta. Como líderes es nuestra responsabilidad el crear un entorno correcto en el cual las personas puedan plantarse y florecer. Si nos enfocamos en cultivar una iglesia saludable, el crecimiento vendrá solo. Las personas que entienden cuál es su lugar, adoptan la visión de la casa y llevan la carga.

Una iglesia saludable se cultiva con un corazón saludable. Como líderes nosotros somos y determinamos la cultura de la iglesia. Lo que sea constante y real en nuestras vidas será una realidad en nuestro entorno. Es nuestra responsabilidad el buscar siempre la excelencia y desarrollar mentalidades dispuestas a ser desafiadas.

Es importante que cuidemos de nuestro corazón reconociendo las cosas que pueden contaminarlo. La falta de perdón sobre una situación o actitud, trae amargura a nuestra vida y contamina nuestro entorno. Tomemos autoridad sobre lo que nos está afectando y no nos aferremos a ideas incorrectas, ya que limitarán nuestro crecimiento.

La Biblia nos dice que siempre hay más de parte de Dios para nuestras vidas. ¿Estás conforme con lo que ves hoy en tu iglesia o te sientes desafiado porque sabes que hay más de parte de Dios?

Sabiendo que hay más para nuestras vidas, Dios nos llama a soñar en grande. Ser alguien ambicioso no siempre es incorrecto. Cuando tus ambiciones están alineadas con una causa mayor que tu vida, son ambiciones correctas. No se trata de nosotros, se trata de lo que Dios está haciendo en medio nuestro.

Dios está constantemente transformando vidas. Nuestro llamado no es ponerle reglas a las personas y decirles lo que deben o no hacer. Fuimos llamados a acercarlos al amor de Dios. El juicio, sin importar las circunstancias, limita el poder de Dios y envenena nuestro corazón. Edifiquemos una casa con un espíritu de gracia en lugar de un espíritu de juicio. Dios nos llamó a amar a las personas.

Edifiquemos iglesias saludables donde las personas se puedan plantar, florecer y desarrollar el potencial y el propósito que Dios tiene para sus vidas.
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