Una iglesia cinco estrellas

1 Nov 2018

Hace algunos años me encontraba en Londres, y como tenía la tarde libre, decidí ir de compras. Entré a la tienda de una marca bastante conocida mundialmente, y no a cualquier tienda, sino a la sucursal más grande de esa marca. Me encontré con un edificio de 3 a 4 niveles y un catálogo de ropa impresionante.

Recuerdo que ni siquiera había cruzado las puertas pero la música, la cual era distinta en cada uno de los niveles, estaba tan alta que ya la sentía dentro mío y no pude evitar moverme acompañando el ritmo de la canción. Era imposible entrar a esa tienda y quedarse quieto. Una vez dentro, se me acercaron dos personas que literalmente parecían modelos de revista, a darme la bienvenida. El muchacho que me recibió tenía unos músculos que ni siquiera sabía que era posible tener. Y todas las personas que te atendían eran atractivas. Se que esto suena un poco vanidoso, pero déjenme llegar al punto que les quiero explicar.

La verdad es que al entrar yo no tenía la intención de comprar nada, no había ninguna prenda que me haya gustado. Pero la atención que me brindaron era tan buena, que al verlos a ellos pensé “Si yo me pongo la ropa que ellos tienen, voy a verme como ellos y sentirme como ellos”. Obviamente deseando tener también yo esos músculos y ese cabello, pensé en comprarme diez remeras y terminé haciendo una compra compulsiva.

Solo compré una remera, pero fue el entorno y la experiencia que tuve en esa tienda lo que me llevó a tomar una decisión que en realidad no quería tomar. El entorno en el que me encontraba causó que el chip dentro mío responda al marketing que ellos hacían y respondí como ellos lo esperaban.

¡Qué importante es la atmósfera que generamos!

Si el mundo puede producir una emoción dentro nuestro y hacernos creer que necesitamos lo que nos ofrece aunque sea vano y falso, ¿cuánto más tendríamos que hacer iglesia de tal manera que cuando las personas que no conocen a Jesús entren por las puertas, en su interior digan “Yo necesito lo que ellos tienen”?

Si el servicio es excelente, el mensaje poderoso, y la bienvenida abrumadora, piensa en lo que podemos generar en el corazón de las personas con la presencia de Dios en nosotros. Sería increíble que al llegar a casa ellos puedan mirarse al espejo con la camiseta de Jesús puesta y decir que valió la pena su decisión.

¿Qué experiencia estamos creando en nuestros ministerios para que personas tengan un encuentro con Jesucristo? Claro que no podemos dejarnos engañar creyendo que todo se trata de la forma en la que hacemos las cosas, la realidad es que nuestras formas siempre van a nacer de nuestro enfoque y nuestro corazón. Cuanto mayor sea nuestro enfoque y más genuino nuestro corazón, tanto más creativas e inspiradoras serán nuestras formas.

No olvides que Dios se mueve a través de su Iglesia, y como parte de ella es nuestro deber recibir a todos con brazos abiertos, porque el evangelio es para todos. Solo así podremos alcanzar a quienes tienen necesidad de un encuentro con Dios.

¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo se sienten las personas al salir de la iglesia?

Yo estoy convencido de que las personan siempre deben salir de la iglesia sintiéndose empoderadas y animadas para enfrentar su día a día y marcar una diferencia en el ámbito en el que Dios las ha posicionado. Pensemos en las oportunidades que tenemos para inspirarlas. Hay 52 domingos al año y personas solo asisten a la iglesia una vez a la semana. Cada semana tiene 168 horas, de las cuales, algunos solo dedican dos a recibir de Dios ¡Tenemos poco tiempo para aprovechar y tanto para dar!

“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.” Gálatas 6:9-10 (NVI)

No nos quedemos estancados pensando en lo que no podemos alcanzar, pensemos en lo que sí podemos hacer para que Dios realice su obra. Dios es quien empodera y se perfecciona en nuestras debilidades. No somos nosotros haciendo algo sobrenatural, es Dios obrando a través de cada uno de nosotros.

Una iglesia cinco estrellas es una iglesia en la que cada uno hace su parte. Nuestra contribución vale mucho, y sin importar lo que nos toque hacer, mi parte y la tuya ayudan a construir la iglesia. Somos nosotros los responsables de crear un ambiente para que las personas puedan experimentar un encuentro con Dios. Si una de esas partes falla, la experiencia de la persona no es completa y puede que su corazón se cierre a lo que Dios quiere hacer en su vida. La iglesia debe ser de influencia, debe transformar corazones, y todo lo que hagamos debe ser para la gloria de su nombre.

Te animo a trabajar con excelencia y a construir una iglesia cinco estrellas. Seamos una expresión y extensión del amor de Dios, y tengamos en claro el propósito de lo que hacemos, para que la experiencia de cada persona en la iglesia sea un reflejo del Reino de Dios y un puente hacia un encuentro con Jesús.