El siervo anónimo

1 Apr 2019

Después de llegar a Capernaúm e instalarse en una casa, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué venían conversando en el camino?”. Pero no le contestaron porque venían discutiendo sobre quién de ellos era el más importante. Jesús se sentó y llamó a los doce discípulos y les dijo: “Quien quiera ser el primero debe tomar el último lugar y ser el sirviente de todos los demás”

Marcos 9:33-35 (NTV)

¿Se han dado cuenta de que en el reino de Dios parece que todo está al revés? Parece que las cosas tienen un orden incorrecto: el que quiere ser primero tiene que ser último, el que quiere recibir tiene que dar, el que quiere ser grande tiene que servir. ¡Todo es ilógico! Sin embargo, no es así, en realidad ese es el orden correcto, el del mundo es el que está al revés, y nosotros estamos aquí para establecer el orden del Reino.

 

Mi amigo, el liderazgo es ser un servidor, no se trata de título ni de posición ni de oportunidad; el liderazgo trae consigo la responsabilidad de servir a los demás. Muchos quieren ser líderes sin servir a nadie, porque lo único que les interesa es la posición, el reconocimiento y el título. Pero si yo no soy servidor, tampoco soy líder. Y si tú eres servidor, ya eres un líder, no necesitas un título.

Hoy quiero desafiar nuestra forma de pensar. Debemos poner el énfasis en tener un corazón de servidor. Necesitamos crear una cultura en la que se note que nadie vale más que otra persona.  Entonces lo que marcará la diferencia no será nuestro reino, será el reino de Dios en nosotros .

 

Hay una historia, en 1 Samuel 9:3-8, que se relaciona con esto y que nos enseña acerca de lo que es ser un siervo anónimo.

En una oportunidad, Saúl, antes de ser ungido como rey sobre Israel, tiene que hacer una tarea que Cis, su padre, le encarga: buscar algunos burros que se habían escapado. Entonces lleva a uno de los servidores de la casa para que lo ayude a hacer esa tarea. Pero surgen ciertas complicaciones, los burros no aparecen por ninguna parte, y Saúl quiere volver a su casa antes de que su padre se preocupe. Entonces su siervo le presenta soluciones que finalmente llevarán a Saúl a otro nivel, porque a raíz de esto conocerá a Samuel y será ungido como rey.

Hay ciertas cosas que podemos aprender sobre este siervo, al que yo llamo “siervo anónimo”:

 

Un siervo anónimo no necesita un nombre

 

No necesita ser reconocido. Es increíble que Cis es mencionado por nombre, Saúl también, pero al servidor no se le menciona. Simplemente es el criado, el que fue a servir a Saúl. Y él está bien con eso, no vemos que se queje, que diga “espera, Dios, ¿por qué mi nombre no está en la Biblia? Lo mencionaste a Saúl, lo mencionaste a Cis, mencionaste a todos los barrios con nombres extraños, pero no a mí”. Lo que aprendemos de esto es que un siervo anónimo no necesita tener nombre, no necesita ser reconocido, no necesita que la luz esté sobre él. Porque, aunque de este siervo no conocemos su nombre, sí conocemos lo que hizo. Mi pregunta es ¿trabajas para ser conocido o eres conocido por tu trabajo?

Muchos quieren ser conocidos, quieren tener el nombre, estar en la tarima, bajo la luz. Pero aquí vemos un ejemplo de un siervo anónimo increíble que no conocemos por su nombre sino por lo que hizo.

Yo no quiero ser conocido por medio de las formas incorrectas. El énfasis no debe estar en la posición o en el título que tenemos, sino en la oportunidad de servir a Dios y marcar una diferencia. Y cuando ese es el énfasis, no importa lo que hacemos, importa por quién lo hacemos. Si una posición o un título te hace creer que eres alguien, entonces no tener la posición o el título te llevará a creer que no eres nada. ¿Qué te hace valioso, el título, la posición, o lo que Cristo hizo por ti?

¿Estás dispuesto a ser anónimo? ¿y qué si nadie reconoce tu trabajo? ¿no es más importante que Dios vea tus esfuerzos? Muchos viven para la audiencia de multitudes. Yo quiero vivir para la audiencia de uno: Dios.

 

Un siervo anónimo es parte de la solución y no del problema

 

Pero el siervo dijo:

-¡Se me ocurre algo! En esta ciudad vive un hombre de Dios. La gente lo tiene en gran estima porque todo lo que dice se cumple. Vayamos a buscarlo; tal vez pueda decirnos por dónde ir.

1 Samuel 9:6 (NTV)

 

Esta debe ser nuestra cultura, ser parte de la solución, alinearnos con lo positivo y no con lo negativo. A pesar de ser imperfectos, hay muchas cosas que podemos mejorar. A veces, cuando no entendemos algo criticamos y nos volvemos parte del problema. Pero cuando surge una necesidad, necesitamos todo lo contrario: un equipo que en el apuro del momento sepa pensar y aportar soluciones. No critiques lo que no entiendes, pregunta primero, y una vez que entiendas, serás parte de la solución. Si yo pregunto y me informo, yo también puedo tener la respuesta en mis manos; puedo traer la solución si entiendo el porqué de las cosas. La misma sangre que pagó el precio por el talentoso, pagó el mismo precio por mi vida, y todos somos iguales delante de Dios; no pensemos que ser parte de la solución es para personas privilegiadas o perfectas. Debemos tener iniciativa, y que sea la correcta, que encaje con la visión de la casa; porque cuando hay muchas visiones, hay “división”, y no alcanzaremos la meta que Dios tiene para nosotros.

El siervo anónimo dijo “yo tengo la solución, yo sé qué hacer, yo sé a dónde ir, sé cómo ayudar”, y fue quien llevó a Saúl delante del hombre que lo iba a ungir como rey. No conocemos quién es, pero fue por la ayuda de este hombre que Saúl fue presentado a su líder, el profeta Samuel.

 

Un siervo anónimo siempre está preparado

 

-Bueno –dijo el siervo-, tengo una pequeña pieza de plata. ¡Al menos se la podemos ofrecer al hombre de Dios y ver qué pasa!

1 Samuel 9:8 (NTV)

 

Saúl dijo que no tenía nada para darle a Samuel, y fue el mismo siervo quien proveyó la pieza de plata para el profeta. El siervo fue preparado por si algo sucedía. Yo no me preparo porque tengo una oportunidad, oportunidades se me presentan porque estoy preparado. Si sientes que Dios te ha llamado a predicar, mi pregunta es ¿cuántos sermones has escrito? ¿o estás esperando tu primera oportunidad? Cuando vienes a la iglesia, ¿vienes preparado? ¿Cómo puedes venir preparado? Con una sonrisa en el rostro, con un corazón de servicio. Vengo preparado cuando decido poner mis frustraciones y angustia de lado porque vengo a servir a la casa de Dios y al pueblo de Dios, y no voy a dejar que mis emociones gobiernen mi actitud o mi respuesta frente al necesitado. Estoy preparado para el que quiera venir con sus frustraciones y su propio dolor, para responder en amor y con gracia.

Yo quiero siempre estar preparado para entrar en las oportunidades que se me presenten. ¿Estaríamos preparados para agregar una milla extra a nuestro camino, en la iglesia y fuera de ella? ¿Estaríamos preparados para hacerlo con una actitud correcta?

 

Si queremos ser grandes, tenemos que ser servidores anónimos. No se trata de la atención que recibimos, ni de un cartel de luces de colores con nuestro nombre; no se trata de tener la posición deseada en una plataforma. Se trata de ser servidores. Al final del día ningún hombre trae la promoción, solo Dios lo hace.

 

Yo creo que como hijos de Dios podemos entrar a nuevas oportunidades que jamás nos imaginamos; en nuestros lugares de trabajo, en las universidades y escuelas, en las calles. Oportunidades de testificar de Dios de una forma normal, que atraiga a la gente a su casa; y el fruto de eso serán multitudes de personas que recibirán la salvación porque Dios usó nuestras vida, porque somos personas anónimas, personas de solución, personas preparadas, que sirven para que Dios se lleve la gloria. Porque no se trata de vos ni de mí, esto siempre se tratará del reino de Dios y su iglesia.