Sustancial, no superficial

3 June 2019

Después Absalón compró un carruaje y caballos, y contrató a cincuenta guardaespaldas para que corrieran delante de él. Cada mañana se levantaba temprano e iba a la puerta de la cuidad. Cuando la gente llevaba un caso al rey para que lo juzgara, Absalón le preguntaba de qué parte de Israel era, y la persona le mencionaba a qué tribu pertenecía. Entonces Absalón le decía: “Usted tiene muy buenos argumentos a su favor. ¡Es una pena que el rey no tenga disponible a nadie para que los escuche! Qué lastima que no soy el juez; si lo fuera, todos podrían traerme sus casos para que los juzgara, y yo les haría justicia”.

Cuando alguien trataba de inclinarse ante él, no lo permitía. En cambio, lo tomaba de la mano y lo besaba. Absalón hacía esto con todos los que venían al rey por justicia, y de este modo se robaba el corazón de todo el pueblo de Israel.

2 Samuel 15: 1-6 (NTV)

Esta historia tiene que ver con las apariencias. Se trata de un hombre que según la Biblia era el más alabado por su belleza. No solamente era atractivo, sino carismático, la gente lo quería. Sin embargo, lo que él hizo al posicionarse en la entrada de la ciudad fue estratégico, no fue genuino. Si bien por fuera era admirable, por dentro dejaba mucho que desear, como hombre, como hijo y como amigo.

A veces el espíritu de Absalón reina en nosotros. Tenemos que tener mucho cuidado en este entorno en el cual vivimos, liderado por las redes sociales, con una generación joven que está siendo impactada y guiada por tantas cosas incorrectas; entender que cuando trabajamos más en nuestra imagen que en nuestro corazón, nos convertimos en personas superficiales, sin sustancia.

Hay cinco lecciones que yo veo con la vida de Absalón, que son dignas de tener en cuenta:

Absalón aparentaba ser más grande de lo que realmente era.

Esto fluye de un corazón inseguro. Comienza este pasaje diciendo que Absalón consiguió carros de combate y una escolta de cincuenta soldados. Pero él no quería eso por necesidad, sino para dar una imagen de status e importancia. Eran cosas que estaban a su disposición, porque él era el hijo del rey, así que sabía muy bien que podía conseguir los carros, la escolta y los caballos. El rey, sin embargo, nunca le otorgó estas cosas, sino que Absalón las demandó para que el pueblo lo mirara de la manera que él quería ser visto.

Cuidadosamente cultivó una imagen emocionante y seductora de sí mismo, aprovechando la posición y herencia que tenía como hijo del rey. Tenía el espíritu que dice “yo tengo derecho a las cosas, no porque me las gané, sino por mi apellido”. trabajamos más en nuestra imagen que en nuestro corazón, nos convertimos personas totalmente superficiales y sin sustancia. Yo jamás quiero vivir proyectando una imagen falsa, alimentando a mi ego con los elogios de la gente. No quiero vivir dos vidas distintas. Esto es lo que estaba haciendo Absalón: “mira mis carros, mira mi escolta, mira cuán importante soy”.

¿Qué esencia hay dentro de ti? ¿Hay sustancia o solo imagen? Porque esto se trata de esencia y no de métodos, no de apariencias. No inviertas tu dinero, tiempo y energía trabajando en lo externo, invierte todo eso en tu corazón, porque cuando lo de adentro está bien, lo de afuera fluye.

Absalón contendía por lo suyo y no por lo del reino.

Él era muy bueno en demostrar que trabajaba. Simplemente levantarse temprano comunicaba eso. Se posicionaba temprano en las puertas de la ciudad, pero sus intenciones eran totalmente erróneas, porque lo hacía para inclinar a la gente hacia él y no hacia su padre, el rey. Tampoco trabajaba para el pueblo, sino para su propio plan; le encantaba la contienda, la pelea por lo suyo.

A nivel liderazgo, la contienda nunca debe ser parte de nuestras vidas, no debemos pelear constantemente por lo personal sino por lo colectivo. ¿Eres una persona que batalla para ser reconocida? ¿o crees como dice la palabra, que la promoción viene de Dios? ¿Confías en Dios para tu futuro, o en el esfuerzo de tus manos?

La contienda es divisiva, es algo que no edifica vidas saludables. Debemos tener unidad alrededor de una visión, no enfocados en las cosas que nos dividen, sino en las que nos unen, aunque seamos de distintos trasfondos o culturas.

¿Te es suficiente lo que estás haciendo hoy o quieres lo de otro? Porque muchos quieren los zapatos de otro sin primero caminar en ellos por un tiempo.

La sociedad sería muy diferente si como hijos de Dios elimináramos la contienda de nuestras vidas.

Absalón se posicionaba para ser visto y no para contribuir.

Todo lo que Absalón le decía a la gente era completamente incorrecto, era mentira, manipulación. Su intención era dividir y destruir el reino y la autoridad de su padre. Él sabía dónde ubicarse para que la gente lo viera.

¿Te posicionas para que te vea el hombre o para que te vea Dios? ¿Eres el mismo delante de quien tiene una posición superior que delante de alguien que tiene una posición inferior a la tuya? Nos posicionamos para ser vistos, que vean nuestro talento y esfuerzo, lo que hacemos, pero no para contribuir. Sin embargo, Dios nos llamó precisamente a contribuir.

Absalón buscaba gente en su misma condición.

Él buscaba a la gente que iba a quejarse con el rey, porque lo único que él tenía en su vida era queja. Esto es lo que yo he aprendido en mis años de liderazgo: la gente dolida siempre busca a gente dolida. La gente ofendida siempre busca a gente ofendida. La gente con opiniones siempre busca a gente con opiniones. Porque buscamos un oído que alimente la forma en que nos sentimos, tendemos a quedarnos en la misma situación en lugar de juntarnos con personas que nos desafíen y animen a levantarnos y a seguir adelante, hacia lo que Dios tiene para nosotros.

La gente con la intención equivocada usa siempre el mismo lenguaje: “todos dicen”, “todos piensan”, “si yo fuera el pastor” , “si yo fuera el jefe”; ese es un lenguaje de víctima. El motivo por el cual Absalón tenía empatía con la gente era para usurpar la posición de su padre.

Si estás dolorido, no vayas a hablar con gente con dolor, sino con gente libre de él, que te desafíe para que salgas de esa condición y puedas entrar en lo que Dios tiene para tu vida. Porque lo que Dios ha preparado para ti es demasiado grande como para que te quedes estancado.

Absalón no respetaba el orden divino de Dios.

La Biblia nos enseña que las personas son puestas por Dios en el liderazgo.  Absalón decía “ojalá me pusieran por juez en el país”, pero no había sido elegido para ese lugar. Luego, con doscientas personas causó que su padre tuviera que huir de la ciudad por temor a perder su vida. Porque no respetaba el orden divino, no aceptaba el hecho de que el profeta había dicho cuando era niño que él no iba a ser el rey, sino otro hijo de David.

Si confiamos en que Dios pone y Dios quita, vamos a respetar ese orden, nos vamos a alinear y vamos construir juntos. Tu líder está ahí porque Dios lo puso, nuestros gobernantes también, tu maestro en el colegio también. Empieza a ver a esas personas sabiendo que Dios las puso ahí para ayudarte, inspirarte y educarte, y si alineas tu corazón en lugar de quejarte, tal vez aprendas a un nuevo nivel.

Absalón no creía, no aceptaba ni respetaba el orden de Dios. Y cuando no hay respeto por el orden divino en el liderazgo, siempre vamos a querer desafiarlo. El trato de mis superiores hacia mí no determina mi respeto hacia ellos, porque creo que Dios los puso ahí. Esto es reino, Biblia, esto es lo que cambia naciones, sacude sociedades y establece el reino de Dios, de tal manera que las generaciones son impactadas para la gloria de su nombre.

Seamos personas sustanciales, no superficiales. Esto nos permitirá edificar una iglesia genuina, con autenticidad, atractiva, pero no por fuera, sino por lo que fluye desde adentro.