Una actitud de buen pastor

2 Jul 2018

En la Biblia, tenemos innumerables situaciones en las que Dios ha desafiado mentalidades incorrectas. Quiero citar un versículo que me fascina; en Juan 10:10- 18 encontramos esta vez a Jesús desafiando a los fariseos, aquellos que pensaban que solo ellos podían acceder a las escrituras y presentarse ante Dios. Jesús vino a desafiar y anular esa mentalidad religiosa.

En este pasaje, Jesús nos habla de las diferencias entre el corazón de un buen pastor y el de un asalariado. Sabemos que Jesús es el buen pastor y cada uno de nosotros fuimos llamados a tener el corazón de un buen pastor. Es a través del mismo que podemos seguir progresando como iglesia, en nuestros equipos y en sea cual sea el lugar donde Dios nos ha posicionado.

Hoy quiero compartir con ustedes lo que me ha enseñado este pasaje sobre lo que implica liderar con un corazón de buen pastor:

El buen pastor toma responsabilidad por lo que tiene, el asalariado corre a la primera señal de un problema. En tu liderazgo ¿Te consideras un pastor o un asalariado?¿Nos importa nuestra gente, la visión que Dios nos ha dado, la iglesia que tenemos?

Una actitud de buen pastor, es aquella donde tomamos responsabilidad por lo que Dios nos ha dado. Tomar responsabilidad, también implica que nos mantengamos plantados e implica entender que nuestra contribución no se basa en el área o la tarea en la cual servimos, sino que es motivada por el Dios a quien servimos.

El espíritu de un buen pastor entiende que lo que hace no es una profesión, sino un llamado. El buen pastor entiende que Dios lo ha llamado a construir su casa. Estemos firmes en aquello que Dios nos ha llamado a construir y llevemos la carga de todo lo que Dios está haciendo en medio de nosotros.

“Lo que edifica iglesias extraordinarias es lo extra sobre lo ordinario”

Si el ver un mayor crecimiento implicase moverte de la posición en la que te encuentras sirviendo, ¿estarías dispuesto a hacerlo o crees que eres dueño de lo que Dios está haciendo a través tuyo?

Nunca se trata de nosotros, sino de lo que Él hace con nosotros.

Déjame decirte amigo, nuestro liderazgo debe inspirar a las personas con un espíritu de buen pastor. De esta forma lograremos construir un equipo comprometido con edificar a la iglesia de manera que impacte naciones y generaciones para la gloria de Dios.

El buen pastor está enfocado en las ovejas, el asalariado, en sí mismo.
Al enfocarnos en las personas que estamos pastoreando creamos una cultura que empodera a los demás. Un liderazgo de buen pastor cultiva un espíritu que ama, edifica y suelta a las personas.

Como líderes, inspiremos a cada persona a entrar en el potencial que Dios ha puesto en ellos. Lo que hacemos en Dios, nunca se va a tratar de nuestra gloria personal, sino de su gloria.

En la iglesia, deberíamos darle mucha importancia a cómo pastoreamos a las personas. Quienes forman parte de nuestro equipo nos ayudan a pastorear a la congregación; junto con mi esposa, solos, no podríamos lograrlo.

El espíritu del buen pastor es inclusivo en su liderazgo, porque entiende que siempre hay lugar para más. En la iglesia siempre debe haber espacio para que más personas puedan ser parte de lo que Dios está haciendo. De esta manera, podremos alcanzar a más personas que no conocen al Señor.

El buen pastor hace vida con las ovejas, el asalariado hace tareas con las ovejas. Debemos tener un aroma en común, a oveja. Porque el buen pastor, comparte todo con sus ovejas.

Si los domingos en la iglesia son los únicos momentos en los que ves a las personas con las que haces iglesia, estás liderando como un asalariado. Un buen pastor comparte mucho más que sólo actividades y eventos, porque le interesa construir una familia de fe, más que sólo realizar tareas.

Nuestro mundo necesita que hoy la iglesia sea relevante. Vivimos en tiempos urgentes y nuestro liderazgo existe para marcar una diferencia. Aquellas iglesias que no tienen un impacto en su comunidad son aquellas que están dominadas por un espíritu de asalariado en lugar de un espíritu de buen pastor.

Sin importar en dónde nos encontremos, en tu iglesia o nuestro lugar de trabajo, todos podemos operar con el corazón, actitud y espíritu de un buen pastor. Y esto se aplica a nuestro liderazgo, nuestro servicio y nuestra vida cotidiana.

¿Cómo estás liderando? ¿En qué estás enfocándote?