Cosas de las cuales nunca nos graduamos como iglesia

1 Aug 2019

Cierto día, mientras Jesús predicaba en la orilla del mar de Galilea, grandes multitudes se abalanzaban sobre él para escuchar la palabra de Dios. Jesús notó dos barcas vacías en la orilla porque los pescadores las habían dejado mientras lavaban sus redes. Al subir a una de las barcas, Jesús le pidió a Simón, el dueño de la barca, que la empujara al agua. Luego se sentó en la barca y desde allí enseñaba a las multitudes.

 Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón:

—Ahora ve a las aguas más profundas y echa tus redes para pescar.

 —Maestro —respondió Simón—, hemos trabajado mucho durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero si tú lo dices, echaré las redes nuevamente.

 Y esta vez las redes se llenaron de tantos peces ¡que comenzaron a romperse! Un grito de auxilio atrajo a los compañeros de la otra barca, y pronto las dos barcas estaban llenas de peces y a punto de hundirse.

Lucas 5: 1-6 (NTV)

Jesús no era pescador, era carpintero de profesión. Sin embargo, Simón tuvo la humildad y la obediencia de echar la red porque él se lo pidió, aun luego de haberlo intentado durante toda la noche sin ningún resultado. Luego, como un premio a esa obediencia, la red se rompe debido a la cantidad de peces que habían pescado; hay otras barcas ahí cerca, y ellos las empiezan a llamar, les cuentan que fueron bendecidos en abundancia y que necesitan ayuda.

Siguiendo este ejemplo, quiero dejarles algunas actitudes de las cuales nunca nos graduaremos como iglesia mientras haya personas para alcanzar y un mundo que necesite ser transformado:

Nunca nos graduamos de entregarlo todo

Sus compañeros, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, también estaban asombrados.

Jesús respondió a Simón: «¡No tengas miedo! ¡De ahora en adelante, pescarás personas!». Y, en cuanto llegaron a tierra firme, dejaron todo y siguieron a Jesús.

Juan 5:10, 11 (NTV)

Acababan de experimentar la mayor pesca profesional, seguramente la mayor de sus vidas, tan abundante que el barco se hubiera hundido de no ser porque pidieron ayuda para cargar con la bendición de Dios. Pero al llegar a tierra lo dejan todo para seguir a Jesús. Simón decide dejar esa bendición y provisión atrás.

¿Por qué a nosotros nos cuesta dejarlo todo?  Simón estuvo dispuesto a dejar incluso lo mejor para seguir a Jesús. Pero en nuestra naturaleza humana, en nuestro contexto actual y la cultura en la cual vivimos, nos cuesta dejar incluso lo peor.

Donde hay mucha bendición hay un precio alto que pagar. Por eso nunca podemos perder la actitud de entregarlo todo en nuestro servicio. Lo entregamos todo en nuestra oración, entregamos el tiempo que tenemos disponible, con toda nuestra energía, con nuestras palabras de ánimo, con nuestro corazón que lleva la carga. Porque pertenecemos a algo mucho más grande que nuestras vidas individuales.

Nunca nos graduamos de ver a otras personas conocer a Jesús 

Mientras haya millones de personas que no conocen al Señor, nuestro compromiso será mayor. No hay nada más profundo que ver a un pecador arrepentirse y acercarse a Dios. De este compromiso nunca nos graduamos.

Más tarde, Leví dio un banquete en su casa, con Jesús como invitado de honor. Muchos de los cobradores de impuestos, compañeros de Leví, y otros invitados comieron con ellos. Así que los fariseos y los maestros de la ley religiosa les reclamaron severamente a los discípulos de Jesús diciéndoles: «¿Por qué comen y beben con semejante escoria?».

Jesús les contestó: «La gente sana no necesita médico, los enfermos sí. No he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores y necesitan arrepentirse».

Lucas 5:29-31 (NTV)

Cuando una persona recibe al Señor con gracia y afecto, va a traer a otros. Por eso nuestra estrategia de evangelismo es hacer lo que hizo Leví: invitar a la gente de nuestro mundo y traerla a los pies de Jesús.

Jesús y sus discípulos eran criticados por comer y beber con recaudadores de impuestos y pecadores. Pero él sabe que no son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Jamás nos graduamos de este enfoque y jamás nos podemos volver familiares con ver a personas conocer a Jesús. Mientras haya uno dando este paso de fe, seguiremos comprometidos.

Nunca nos graduamos de alcanzar a los necesitados

Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos.

Gálatas 6:9 (NTV)

En el capítulo seis de Lucas, Jesús aparece en la sinagoga para sanar a alguien en un día de reposo, y sus perseguidores, los religiosos, lo cuestionan por eso. Pero él les responde con otras preguntas: “¿Permite la ley hacer buenas acciones en el día de descanso o es un día para hacer el mal? ¿Es un día para salvar la vida o para destruirla?”

Tenemos que tomar en nuestras manos la responsabilidad de llegar a las personas necesitadas siempre, aun cuando parezca fuera de tiempo o de contexto, aun cuando seamos cuestionados.

Quiero animarte a que la generosidad sea tu estilo de vida, en todo sentido. Que no se trate solo de momentos. Yo no quiero tener momentos de generosidad, quiero tener una vida generosa. Seamos generosos con nuestras palabras, con nuestros abrazos, nuestras oraciones, nuestro tiempo, con nuestros corazones, con nuestro servicio, con nuestra adoración a Dios y con nuestros recursos.

Estamos comprometidos constantemente porque la Iglesia es la respuesta. No importa que se vacíen nuestras bolsas, no importa que lo dejemos todo en las manos del necesitado. Estamos comprometidos a ayudar donde hay necesidad y jamás nos vamos a graduar de eso.

No nos graduamos de guardar nuestro testimonio

Elige una buena reputación sobre las muchas riquezas;
ser tenido en gran estima es mejor que la plata o el oro.

Proverbios 22:1 (NTV)

En esta generación muchos quieren ser famosos. Pero ¿qué fama les interesa? Yo prefiero tener buena fama por mi integridad que por los seguidores que tengo en las redes sociales, aquellos que se llaman mis amigos a pesar de que no me conocen. ¿De qué vale tener todos los seguidores en el mundo si tu reputación no refleja los valores del reino de Dios?

Creemos en la Biblia, creemos que Dios es para todos, pero llega el momento en que tenemos que decidir, entender que vale la pena dejar atrás todo lo que tenemos para seguir a Jesús. El plan que él tiene para nuestras vidas es mejor que nuestros propios planes y deseos. Vale más un buen nombre que las muchas riquezas.

Entonces nunca nos graduamos como iglesia de guardar nuestro testimonio; nuestra forma de vivir vale mucho. No vivas como quieras, vive como Dios quiere que vivas y así entrarás a nuevos niveles y podrás ser de bendición a otros.