Diez lecciones de vida y liderazgo

2 Sep 2019

En las distintas etapas y procesos de mi vida aprendí muchas lecciones que luego se transformaron en fundamentos firmes para mi llamado. Hoy quiero compartirlas contigo, porque entiendo que sin una vida saludable nos resultaría imposible completar lo que Dios nos ha llamado a realizar:

Lección 1: Guardar nuestro corazón

Proverbios 4:23 dice que “del corazón mana la vida”. Cada día tomamos decisiones que afectan la salud de nuestro corazón, cada día tenemos el desafío de decidir cómo responder a nuestro entorno desde una posición sana.

Siempre habrá desacuerdos, siempre habrá personas que no nos caerán bien. Pero la ofensa es una decisión, y depende de nosotros rechazarla o darle lugar. La Biblia dice que nos tenemos que aceptar y amar los unos a los otros. Para eso debemos ponernos en el lugar del otro. Cristo colgado en una cruz, en nuestro lugar, nos dijo “te amo”. No necesitamos más que eso para amarnos.

Lección 2: Tener las motivaciones correctas en nuestro servicio a Dios

¿Por qué haces lo que haces? Como iglesia nuestra motivación siempre será amar a Dios y amar a las personas. Si Dios puso en tu corazón el predicar a multitudes, no permitas que ninguna otra cosa jamás sea tu motivación. Porque amamos a la gente hacemos las cosas con excelencia, para representar bien el Reino. Nuestra motivación siempre debería ser el conectar a las personas con Dios.

Lección 3: Vivir un llamado, en lugar de correr una carrera

Cuando tienes un llamado haces las cosas por convicción, pero cuando lo tomas como una carrera, las haces por conveniencia. Cuando veas lo que haces como un llamado estarás dispuesto a pagar cualquier precio, pero cuando lo veas como una carrera, buscarás las opciones fáciles. Cuando se trate de un llamado, una mejor oferta u oportunidad no te moverá, pero cuando lo veas como una carrera, al percibir algo mejor te acercarás corriendo.

Porque se trata de un llamado es que vale la pena pagar el precio. Hay una gran diferencia entre profesión y llamado. La profesión puede cambiar, pero el llamado de Dios es eterno.

Lección 4: Rodearnos de la gente correcta

Con quien te juntas es muy importante. Tenemos que rodearnos de gente que nos ame tanto como para hacernos bien y decirnos lo que necesitamos escuchar. Proverbios 13:20 dice: “Camina con sabios y te harás sabio; júntate con necios y te meterás en dificultades”.

Si tus amigos constantemente influyen de manera negativa en tu vida y ponen en tus manos cosas no saludables, tienes que tomar una decisión, porque tu futuro vale demasiado como para que te rindas a eso. Y si tú eres la persona más exitosa en tu grupo de amigos, busca uno diferente. No dejes a los otros, pero acércate a un grupo de gente más exitosa que te inspire a ir por más, seguir creciendo y guiar a otros a nuevos niveles.

Lección 5: Mantener corazones enseñables

Nunca llegamos a la cima. Hoy me doy cuenta de que no sé todo lo que pensaba que sabía hace diez años. Los líderes hacen preguntas, leen libros, no dejan de aprender. Tenemos que mantener corazones que no se vuelvan familiares con los predicadores, que no dejen de tomar notas, no dejen de escuchar con atención. Aunque se trate de una persona que está predicando por primera vez, o un mensaje que ya hemos escuchado muchas veces; no nos apaguemos, no neguemos que quizás Dios quiera usar a esa persona o a ese mensaje otra vez para hablarnos.

Debemos ser vulnerables, saber escuchar y discernir los buenos consejos. El joven rico se rodeó de la gente correcta cuando se acercó a Jesús y sus discípulos, pero no fue lo suficientemente vulnerable como para dejarlo todo y seguirlo.

Lección 6: Recordar que no se trata de mí

Cuando Moisés descendió del monte de Sinaí, donde Dios le había dado los mandamientos, se encontró con que los israelitas habían creado su propio dios, adoraban a un becerro de oro. Dios se enfurece, le dice a Moisés que liquidará a todo el pueblo, “pero de ti haré una gran nación”. Esto suena parecido a Génesis capítulo 12, cuando Dios le dice a Abraham “Haré de ti una gran nación; te bendeciré y te haré famoso, serás una bendición para otros”. Moisés ahora tiene la oportunidad de tomar el lugar de Abraham, de estar bajo la luz y de decir “soy el protagonista”. Sin embargo, él le suplicó misericordia a Dios por ese pueblo suyo. Sabía que no se trataba de él, sino de Dios y las promesas que le había hecho a ese pueblo. Por esta decisión, Dios desistió del castigo.

Si estuvieras en el lugar de Moisés, ¿qué decisión tomarías? ¿la de ocupar el lugar de Abraham, tratándose de ti? o responderías como Moisés: “gracias por la oportunidad, pero yo no los saqué de Egipto, tú los sacaste, y si haces esto con el pueblo de tu promesa, todos se burlarán de quien eres”.

Cuando operemos con las motivaciones correctas, nunca se tratará de nosotros.

Lección 7: Mi valor no está en mi título

Tu valor no es determinado por tu posición en la iglesia, según la tarea que realices, sino por lo que Jesús hizo por ti. Esa es una lección que jamás tenemos que olvidar, porque muchas veces buscamos nuestro valor de las cosas incorrectas. Pensar que algunos valen más según su título es una mentira, no todos podemos hacer todo.

El lugar que ocupas en los asientos de la iglesia, en frente o en el fondo, no determina tu valor. Nuestro valor está en quienes somos en Cristo y el precio que él pagó por cada uno de nosotros.

Lección 8: No entrar en el juego de la comparación

La comparación es un juego en el que siempre terminarás perdiendo. Debemos limitarnos a la zona de gracia que Dios nos ha dado.

Jamás entraremos en la comparación si entendemos el espacio que Dios nos ha marcado para correr. Él es el que levanta a la gente, el que la promociona; no vivas comparándote.

Mujer, no te compares con las mujeres de las tapas de las revistas ni con las mujeres de la televisión; no te compares con cosas que no son reales en un mundo vano. No compares tu peso con el de otras. Esposo, no compares cómo otras mujeres miran a sus esposos, no compares a tu mujer con otras. No juguemos ese juego porque eso trae destrucción a nuestras vidas.

Lección 9: Ser fiel con lo que tenemos en la mano

Una persona me preguntó cómo viví sin frustrarme los diez años que pasaron desde que tuve el llamado de venir a Latinoamérica hasta que el tiempo se cumplió. Le respondí algo muy simple: “Dios me dio el sueño hace diez años atrás y yo supe que no era el tiempo correcto; entonces lo puse sobre una estantería y por diez años fui fiel con lo que tenía en la mano, confiando en que el tiempo iba a llegar, cuando Dios levantara el sueño de la estantería y lo pusiera en mi mano”. Porque tenemos que usar lo que tenemos en la mano para cumplir con lo que hay en nuestro corazón.

Moisés, ¿qué tienes? Una vara; David, ¿qué tienes? Una onda; Sansón, ¿qué tienes? Una quijada de un burro; Pedro, ¿qué tienes? Una red; Jesús, ¿qué tienes? Una cruz. Cuando somos fieles con lo que tenemos en la mano, Dios se hará cargo de nuestro futuro.

Lección 10: Todo tiene su tiempo

No intentes apurar a Dios, porque solo lograrás dar a luz a un Ismael, en lugar de dar a luz a un Isaac. Hay muchos “Ismaeles” en las iglesias, promesas que se dieron a luz en nuestras fuerzas; en lugar de tener “Isaacs”, promesas que se dieron a luz sobrenaturalmente.

Los tiempos de Dios aceleran los procesos humanos, producen en un año lo que nuestro tiempo no hubiera podido producir en una década.

Fuimos llamados a ser luz en este mundo. Los animo a aplicar estos diez puntos, y entre todos, llevar este continente a donde jamás pensamos que podría llegar.