Decisiones de liderazgo

1 Oct 2019

Nuestra vida es el resultado de las decisiones que constantemente tomamos. Lo que decidamos hoy establecerá cómo vamos a vivir mañana. Son tan importantes nuestras decisiones que no las podemos tomar de forma liviana, sin aplicar sabiduría divina, sin alinearlas con la Palabra y los propósitos de Dios.

Hoy te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre bendiciones y maldiciones. Ahora pongo al cielo y a la tierra como testigos de la decisión que tomes. ¡Ay, si eligieras la vida, para que tú y tus descendientes puedan vivir! Puedes elegir esa opción al amar, al obedecer y al comprometerte firmemente con el Señor tu Dios. Esa es la clave para tu vida. Y si amas y obedeces al Señor, vivirás por muchos años en la tierra que el Señor juró dar a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob”.

Deuteronomio 30:19-20 NTV

Me fascina que Dios es tan bueno para con nosotros que nos da unas opciones limitadas: vida o muerte, bendición o maldición. Y no solo nos da a elegir entre pocas opciones, sino que además nos dice cuáles nos convienen. Eso es una muestra de la gracia de Dios, de su generosidad y bondad. Es como un examen en el que tenemos solo dos opciones y el profesor nos indica cuál es la correcta.

Las decisiones que nosotros tomamos afectarán la vida de quienes nos rodean, nuestra familia, nuestro trabajo o nuestra iglesia. Y es por eso que hoy te quiero hablar de decisiones que un líder constantemente tiene que tomar:

Morir al yo

Todos batallamos a menudo con eso. Todos somos líderes. No esperes un título para liderar, ya lo tienes: “hijo de Dios”. Fuiste creado a su imagen y semejanza, y él te dio autoridad para gobernar.  Pero debemos recordar que esto no se trata de nosotros, se trata de él, aun tu trabajo se trata de él, brillas para él; los dones y talentos que Dios te da, los lugares en donde Dios te posiciona en tu trabajo, en la escuela, en la comunidad, no se tratan de ti.

Entonces, como líderes del reino, como personas de fe, no podemos tener una batalla constante con nuestro ego; tu yo te llevará a tener un espíritu que piensa que ciertas cosas son tu derecho, y cuando pienses que tienes un derecho, tu actitud te llevará a pensar que la parte que aportas es más grande que la visión a la cual perteneces.

Tener un corazón enseñable

Es sumamente importante recordar este principio en la vida. Para aprender lo nuevo tenemos que desaprender lo viejo, y muchas veces es más difícil desaprender que aprender. Si no tenemos un corazón enseñable, siempre nos vamos a aferrar a lo que fue y no abrazaremos lo que puede ser.

La gente que más me inspira de nuestra iglesia es la gente mayor, los abuelitos, porque muchos de ellos han caminado con el Señor veinte o treinta años, y constantemente nos hablan acerca de lo nuevo que está haciendo Jesús en sus vidas. Jóvenes, debemos aprender de esta gente mayor y cultivar un corazón enseñable para las nuevas formas, para los nuevos sistemas, en cada área de nuestra vida.

No permitir que la comodidad nos estanque

Esto es para todos los días de nuestra vida. La zona de confort siempre será el enemigo del progreso. La comodidad produce en nosotros una cultura de mediocridad que va en contra de la excelencia.  Y lo que aceptemos hoy será nuestro estándar de mañana, por eso, no permitamos que la mediocridad entre en nuestro liderazgo hoy. Quizá te ascendieron en tu trabajo, quizá te dieron la oportunidad que siempre soñaste y te sientes cómodo; has dejado de creer, de empujarte a crecer, y anulas tu fe por la comodidad. Pero Dios está diciendo “te doy a elegir: vida o muerte, bendición o maldición, hay más para ti o te puedes quedar ahí, en tu zona de confort”. Tomemos la decisión de no permitir que la comodidad nos limite.

Poner a las personas antes que a las reglas

Esto era un problema para los fariseos. Jesús ponía a la gente por encima de las reglas. Si en un día de reposo aparecía un hombre ciego, un hombre sordo, un hombre cojo, un hombre muerto, Jesús hacía el milagro, cuando todos los religiosos estaban descansando, porque habían puesto a las reglas por sobre la gente. No permitamos que las reglas de la religión estén por delante de la necesidad de las personas. Las reglas son una guía, pero no son una meta. Jesús no derramó su sangre por reglas, derramó su sangre por personas.

Perseverar en todo momento

Rendirse jamás será una opción, porque si nosotros tomamos esa decisión, las personas que nos rodean y que nos están mirando, también lo harán. Tenemos que ser ejemplares con nuestra fe, con nuestro liderazgo, con nuestras convicciones, con nuestro servicio, con nuestras expectativas. Es en los momentos de elogios y críticas que tenemos que tomar la decisión de perseverar.

Debemos responsabilizarnos por las decisiones que tomamos, por las vidas que vivimos. Tenemos que tomar la decisión de comprometernos con lo que Dios nos ha dado. Queremos marcar una gran diferencia, por eso, como líderes, debemos tener una cultura correcta, una cultura que refleje la visión y el corazón de Dios. Rendirse es la opción más fácil, pero Dios siempre nos dice que hay más por delante para nuestras vidas.

Escuchar las voces correctas

Las voces que hablan a tu vida son muy importantes. No escuches las voces que se burlan, escucha las voces que se alinean con tu fe. ¿Qué voces estás escuchando? ¿las de los medios, las de las redes sociales, las de la política? ¿Vas a escuchar la voz de la multitud? La multitud que lo aplaudía a Jesús en su entrada a Jerusalén fue la misma que gritaba una semana después “crucifíquenlo”.  Por eso es muy importante estar diariamente con la palabra de Dios y rodearte de la gente que va a hablar vida sobre ti y sobre tus sueños. Gente que va a inspirarte y a la misma vez va a corregirte y desafiarte. No todas las voces que quieren hablar a tu vida son las correctas. Y como líder, tú decides a cuáles vas a escuchar.

Estas son decisiones de liderazgo que nos van a posicionar como personas para seguir adelante. Porque hay más para nosotros, y nuestras decisiones de hoy determinarán la vida que viviremos mañana. El llamado de Dios sobre nosotros es demasiado grande como para que lo saboteemos tomando decisiones incorrectas.