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DÍA 3 – LIDERAZGO DE SERVICIO

Mar 28 2026

Désolé, cet article est seulement disponible en Espagnol Européen.

“Ustedes me llaman Maestro y Señor y dicen bien, porque lo soy. Pues, si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Les aseguro que ningún siervo es más que su amo y ningún mensajero es más que el que lo envió. ¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica”.

Lo que nos llena de asombro y admiración en este pasaje es que adoramos a un Dios majestuoso que decide utilizar Su poder y Su soberanía para servirnos. Jesús es nuestro máximo ejemplo de liderazgo de servicio. No podemos más que maravillarnos de que Él sirva generosamente, de forma incondicional y sin esperar nada a cambio. Lavó los pies de Judas, sabiendo que este estaba a punto de traicionarlo. Sin embargo, sirvió a Judas de todos modos, como un acto de adoración a Su Padre.

De la misma manera, estamos llamados a servir a quienes nos rodean, sabiendo que nuestro servicio es un acto de adoración y nunca es en vano. Lo que otros hagan con nuestra obediencia es entre ellos y el Señor; nuestra responsabilidad es ser fieles. Si servimos con un corazón puro, sin pretensiones, sin buscar reconocimiento y sin motivos escondidos, nuestra recompensa no se perderá. Jesús promete: “Dichosos serán si lo ponen en práctica” (Juan 13:17 NVI). La bendición no es el reconocimiento mundano: Mateo 5:8 (NVI) nos recuerda: “Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios”. La pureza de corazón produce claridad de visión. Al servir con rectitud, vemos a Dios con mayor claridad, experimentamos una comunión más profunda y caminamos en libertad.

Elijamos la alegría. Elijamos la humildad. Elijamos servir.

Preguntas de reflexión:

• ¿Necesito reajustar mi corazón?

• ¿Estoy sirviendo a las personas que me rodean con un corazón puro?

• ¿Es mi servicio verdaderamente un acto de adoración a mi Señor y Salvador, Jesucristo?

Escrituras:

Deuteronomio 28:46-48 (NVI)
“Ellos serán señal y advertencia permanente para ti y para tus descendientes, pues no serviste al Señor tu Dios con gozo y alegría cuando tenías de todo en abundancia. Por eso sufrirás hambre y sed, desnudez y pobreza extrema, y serás esclavo de los enemigos que el Señor enviará contra ti. Ellos te pondrán un yugo de hierro sobre el cuello y te destruirán por completo”.

Salmo 100:2 (NVI)
“¡Adoren al Señor con regocijo! Preséntense ante él con cánticos de júbilo”.

Salmo 51:10 (NVI)
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu firme dentro de mí”.

Mateo 5:8 (NVI)
“Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios”.

Juan 13:1-29 (NVI)
Se acercaba la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de abandonar este mundo para volver al Padre. Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

Llegó la hora de la cena. El diablo ya había incitado a Judas Iscariote, hijo de Simón, para que traicionara a Jesús. Sabía Jesús que el Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de Dios y a él volvía; así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.

Cuando llegó a Simón Pedro, este dijo:

—¿Y tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?

—Ahora no entiendes lo que estoy haciendo —respondió Jesús—, pero lo entenderás más tarde.

—¡No! —protestó Pedro—. ¡Jamás me lavarás los pies!

Jesús contestó:

—Si no te los lavo,[b] no tendrás parte conmigo.

Simón Pedro dijo:

—Entonces, Señor, ¡no solo los pies, sino también las manos y la cabeza!

—El que ya se ha bañado no necesita lavarse más que los pies —le contestó Jesús—; pues ya todo su cuerpo está limpio. Y ustedes ya están limpios, aunque no todos.

Jesús sabía quién lo iba a traicionar y por eso dijo que no todos estaban limpios.

Cuando terminó de lavarles los pies, se puso el manto y volvió a su lugar. Entonces les dijo:

—¿Entienden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor y dicen bien, porque lo soy. Pues, si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Les aseguro que ningún siervo es más que su amo y ningún mensajero es más que el que lo envió. ¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica.

Jesús predice la traición de Judas

»No me refiero a todos ustedes; yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla la Escritura: “El que comparte el pan conmigo, se ha vuelto contra mí”.

»Digo esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy. Les aseguro que el que recibe al que yo envío, me recibe a mí y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.

Dicho esto, Jesús se angustió profundamente y afirmó:

—Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar.

Los discípulos se miraban unos a otros sin saber a cuál de ellos se refería. Uno de ellos, el discípulo a quien Jesús amaba, estaba reclinado sobre él. Simón Pedro hizo señas a ese discípulo y le dijo:

—Pregúntale a quién se refiere.

—Señor, ¿quién es? —preguntó él, reclinándose sobre Jesús.

—Aquel a quien yo le dé este pedazo de pan que voy a mojar en el plato —le contestó Jesús.

Acto seguido, mojó el pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. Tan pronto como Judas tomó el pan, Satanás entró en él.

—Lo que vas a hacer, hazlo pronto —le dijo Jesús.

Ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué Jesús dijo eso. Como Judas era el encargado del dinero, algunos pensaron que Jesús le estaba diciendo que comprara lo necesario para la fiesta o que diera algo a los pobres”.